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Diagnóstico Hiperplasia Benigna de Próstata

En el diagnóstico de la Hiperplasia Benigna de próstata es importante dar con el origen de los problemas y descartar, sobre todo, el tumor vesical.

 

En segundo lugar, es necesario entender el alcance de la enfermedad, su gravedad y las posibles complicaciones de cara a establecer el mejor diagnóstico posible y tratarlo de forma apropiada. Medimos los síntomas a través de un cuestionario, realizamos exploración física para valorar tamaño, forma y consistencia de la próstata y realizamos análisis de orina y sangre.

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Diagnóstico de la Hiperplasia benigna de Próstata

El diagnóstico de la hiperplasia benigna de próstata es complejo por la interrelación de la próstata con órganos adyacentes y por la inespecificidad de los síntomas. Es esencial asegurar el origen de los problemas y descartar, sobre todo, el tumor vesical. En segundo lugar, será necesario entender el alcance de los problemas de próstata, su gravedad y las posibles complicaciones de cara a establecer el mejor diagnóstico posible y atacarlo con el tratamiento más adecuado.

Generalmente, establecemos tres niveles de diagnóstico:

  • Diagnósticos de entrada, el que realizamos en todos los hombres con síntomas sugestivos de problemas de próstata. Suele hacerse con una ecografía renovesicoprostática y un análisis de sangre con PSA.
  • Diagnóstico en caso de que queramos descartar otras causas de los síntomas de próstata que no hayan quedado claras mediante las pruebas anteriores. Podemos realizar una citología urinaria o una cistoscopia para descartar tumor de vejiga. Para la estenosis de uretra es muy útil la uretroscopia o la cisturetrografía miccional y retrógrada. Si la ecografía apunta a la existencia de litiasis vesicales, podemos realizar un TAC y una cistoscopia.
  • Algunos pacientes con síntomas urinarios por hiperplasia de próstata necesitan someterse a pruebas complementarias. Estos pueden ser: biopsia de próstata en caso de necesitar descartar un cáncer de próstata; cistoscopia si queremos apreciar la anatomía de la próstata internamente; ecografía de próstata transrectal para determinar con más precisión el tamaño de la próstata, habitualmente de cara a una operación; y, en casos seleccionados, la urodinamia para conocer más datos sobre la obstrucción de próstata y su repercusión sobre la dinámica miccional.

De esta forma, el diagnóstico comienza con una valoración de su historial clínico y la realización de una serie de preguntas y pruebas:

  • Medición de los síntomas a través de un cuestionario. El más empleado es el llamado IPSS (Escala de Síntomas Prostáticos).
  • Exploración física mediante tacto rectal para valorar el tamaño, forma y consistencia de la próstata.
  • Análisis de orina para descartar una infección u otras afecciones que pueden ocasionar síntomas similares.
  • Análisis de sangre para descartar problemas renales.

 

Análisis de sangre medir los niveles de una sustancia que se produce en la próstata llamada antígeno prostático específico. Los niveles de esta sustancia aumentan en casos

  • de agrandamiento de la próstata, aunque unos niveles elevados pueden deberse a procedimientos recientes, infección, cirugía o cáncer de próstata.
  • Prueba del flujo urinario (flujometría): que consiste en orinar en un recipiente conectado a una máquina que mide la fuerza y la cantidad del flujo urinario. Los resultados ayudan a ver el progreso de la afección y determinar mejora o empeora con el tiempo.
  • Ecografía de la vejiga para determinar si queda orina tras de vaciar la vejiga.

 

Para descartar la presencia de tumor vesical, estenosis de uretra, infección de orina, litiasis vesicales o vejiga hiperactiva se realizarán pruebas como la ecografía renovesicoprostática y la citología urinaria. En este sentido puede ser útil la uretrocistoscopia si existe sospecha de estenosis de uretra o la presencia de un tumor vesical –por ecografía o tras una citología anómala-.

Una vez descartado lo anterior, se determinará si la hiperplasia benigna de próstata puede estar produciendo complicaciones secundarias a la obstrucción, como por ejemplo la litiasis vesical, las infecciones de orinar de repetición, la retención crónica de orina, la hidronefrosis o la presencia de insuficiencia renal crónica. Para ello, contamos con la ecografía y la realización de un análisis de sangre en el que determinamos la función renal.

Asimismo, se realizará el cálculo del riesgo de progresión de la enfermedad de próstata empleando el PSA y el volumen de próstata (por ecografía). Los hombres con próstata de más de 40cc y PSA >1,5 tienen un mayor riesgo de progresión de síntomas a cinco años, por lo que necesitarán un tratamiento más intenso. En aquellas personas con próstatas más pequeñas o un PSA menor, especialmente si tienen menos síntomas, podemos ser más conservadores con el tratamiento.

Por último, se realizan pruebas ayudan a detectar su hay obstrucción vesical. La más sencilla es la flujometría urinaria, que permite apreciar el volumen de orina miccional por unidad de tiempo.

En casos donde sea necesario mayor poder diagnóstico, se puede realizar una urodinamia. Se trata de una prueba más invasiva que se realiza introduciendo una pequeña sonda vesical y rectal para medir las presiones de la vejiga y el abdomen.

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Nos preguntan

en la consulta sobre Hiperplasia Benigna de Próstata
Tener la próstata agrandada no significa tener cáncer y no aumenta el riesgo de sufrirlo.
Dependiendo del tratamiento, esto puede ocurrir. La cirugía abierta y la enucleación prostática con láser de Holmium son los dos tratamientos que consiguen eliminar todo el tejido evitando que vuelva a reproducirse. En cualquier caso, el especialista valorará la mejor opción de tratamiento para usted y le informará de los pros y contras de cada uno de ellos.

Equipo

de la unidad de Hiperplasia Benigna de Próstata