Cáncer de Próstata

El cáncer de próstata es el cáncer más diagnosticado en los varones

El cáncer de próstata es una patología muy frecuente que afecta al 25% de los hombres por encima de los 50 años y al 80% de los mayores de 80 años.

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¿Qué es?

El cáncer de próstata es una enfermedad por la que se forman células malignas (cancerosas) en los tejidos de la próstata. La próstata es una glándula del aparato reproductor masculino cuya función es elaborar un líquido que es parte del semen. La próstata se ubica debajo de la vejiga y rodea parte de la uretra. Su tamaño es casi como el de una nuez.

La incidencia del diagnóstico de cáncer de próstata varía mucho entre las distintas zonas geográficas, pudiendo esto estar en relación con factores étnicos, envejecimiento de la población, pues dicha incidencia depende principalmente de la edad, y el uso rutinario del PSA para el screening de este tipo de tumor.

Los antecedentes familiares y étnicos se asocian a una mayor incidencia de cáncer de próstata, lo que sugiere una predisposición genética de la enfermedad. El cáncer de próstata hereditario se asocia con un inicio de la enfermedad de seis a siete años antes, pero la agresividad de la enfermedad y la evolución clínica no parecen diferir.

El cáncer de próstata no suele producir sintomatología. La mayoría de las veces se diagnostica antes de que llegue a producir algún efecto. Las manifestaciones que suele presentar un hombre con un tumor prostático son secundarias a la hiperplasia benigna de próstata, que suele coexistir con el mismo:  

  • Dolor al orinar (disuria).
  • Aumento de la frecuencia miccional.
  • Chorro flojo.
  • Sensación de evacuación incompleta.
  • Micción entrecortada.
  • Urgencia o imperiosidad miccional.
  • Sangre en la orina (hematuria).
  • Sangre en el semen (hemospermia).

 

En algunos casos, el cáncer de próstata puede debutar en estadios avanzados. Es esas ocasiones, el tumor puede provocar sintomatología local como:

  • Sangrado en la orina.
  • Gran dificultad miccional.
  • Dolor perineal.
  • En algunos casos, puede llegar a invadir el recto y producir estreñimiento o alteraciones en el hábito deposicional.
  • Si el tumor afecta la vejiga, puede acrecentarse la urgencia miccional, la frecuencia miccional y las molestias urinarias.
  • Si el tumor alcanza el trígono vesical, se puede producir obstrucción del uréter y, consecuentemente, dolor lumbar, cólico, dilatación ureteral o, incluso, anulación de ese riñón.
  • Si existe afectación ósea se puede producir dolor óseo e incluso fracturas patológicas, aunque esta situación es inhabitual.

No se conocen las causas del cáncer de próstata pero el principal factor de riesgo para desarrollarlo es la edad. Existen algunas asociaciones entre factores raciales (más común en raza negra) con mayor diagnóstico de cáncer de próstata. Además, parece existir una asociación clara entre algunas mutaciones, como los portadores de los genes BRCA1 y BRCA2, y la posibilidad de desarrollar cáncer prostático. 

Por otro lado, parecen existir factores dietéticos, como la obesidad, la diabetes, el consumo de alcohol, el consumo excesivo de carne roja y las dietas con alto porcentaje de alimentos grasos, fritos, lácteos y procesados.  

El tomate, los licopenos y la soja parecen ser protectores. Es discutible la relación entre algunos micronutrientes (Selenio y Vitamina E) con el desarrollo del tumor de próstata.

El cáncer de próstata no presenta síntomas en sus fases iniciales. Por este motivo, es muy importante acudir al urólogo para un diagnostico temprano del cáncer de próstata mediante las siguientes pruebas:

  • Determinación de PSA. Es un análisis de sangre en el que se determina el nivel de PSA (prostate specific antigen), una sustancia que la próstata produce naturalmente. No existen valores normales de PSA, sino que hay que considerar edad, tamaño de próstata y número de biopsias previas. En general, se considera que un PSA menor de 1 es óptimo a cualquier edad. Si se encuentra un PSA mayor a 2,5 podría ser signo de que hay una infección, una inflamación un agrandamiento o un cáncer de próstata.
  • Tacto rectal. Se realiza para explorar la consistencia y tamaño de la próstata. En caso de encontrar alguna irregularidad en la textura, la forma o el tamaño de la glándula, se podría necesitar la realización de otras pruebas.
  • Examen de orina. Se extrae una muestra de orina para determinar si hay hematuria (sangre en la orina) o alguna otra anomalía.

Pruebas complementarias

Si se detecta alguna anormalidad en las pruebas anteriores, se puede indicar la realización de otras pruebas, como las siguientes, para determinar si se tiene cáncer de próstata:

  • Resonancia nuclear magnética multiparamétrica de próstata. Es una prueba no invasiva en la que se obtienen múltiples imágenes de la próstata y de su comportamiento. La RNM arroja un riesgo de albergar cáncer de próstata -la clasificación de PIRADS- que oscila entre 1 (muy bajo) y 5 (muy alto). Esta técnica permite, además, visualizar únicamente aquellos tumores que van a tener significación clínica o van a poner en riesgo la vida del paciente. La RNM proporciona también información muy útil del tamaño tumoral, el tamaño de la próstata, la estadificación del tumor, su localización exacta en la próstata, etc.
  • Biopsia de próstata: Consiste en la inserción de una aguja fina en la próstata con la intención de extraer parte de su tejido celular y analizarlo. Este análisis permite confirmar o descartar la presencia de células cancerosas en la próstata.
  • Biopsia de próstata mediante fusión de imágenes. Cuando existe una lesión PIRADS grado 3 o superior se suele realizar una biopsia guiada por ecografía en la que se genera un modelo en 3D en tiempo real, guiando la toma de muestras gracias a las imágenes de la RNM. Esta prueba permite saber exactamente qué tumor hay, hasta dónde llega y su grado de agresividad para poder diseñar un tratamiento personalizado a cada paciente. La biopsia de próstata por fusión no solo permite la fusión de imágenes de la resonancia nuclear magnética multiparamétrica (RNM), sino también las imágenes de un PET, con las que se puede hacer una valoración funcional del tumor.
  • Microultrasonidos. Se trata de una nueva tecnología que permite sustituir la resonancia nuclear magnética multiparamétrica (RNM). Permite la visualización de la próstata en tiempo real y biopsias guiadas. De esta forma, se pueden detectar  tumores que la resonancia magnética no percibe y facilita la visualización de la zona periférica de la próstata. En caso de detectar un área sospechosa al hacer la prueba, se puede realizar una biopsia en el mismo momento.

¿Cómo conocer el grado en el que se encuentra el cáncer de próstata?

Cuando la biopsia confirma la existencia de un cáncer de próstata, el siguiente paso es determinar su nivel de agresividad (grado). Un mayor grado indica un cáncer más agresivo con mayor probabilidad de metastatizar o propagarse rápidamente. Con el fin de determinar la agresividad del tumor, las técnicas utilizadas incluyen:

  • Puntuación de Gleason. Es el sistema más frecuente de determinación de los grados del cáncer de próstata y ayuda a separar los tumores menos agresivos de los más agresivos. El grado es un número del 1 al 5, siendo 1 el patrón más bien diferenciado (se parece más a las células normales) y 5 el más pobremente diferenciado (se ve más anormal). Se asigna un grado primario a las células tumorales que constituyen la mayoría del tumor y un grado secundario a las células que constituyen una minoría del tumor. La puntuación de Gleason es, por tanto, la suma de estos dos grados más dominantes. De modo que el rango potencial de las puntuaciones de Gleason es de 2 (1+1), cáncer no agresivo, a 10 (5+5), cáncer muy agresivo.

Aparte de estas pruebas, hoy en día, también se dispone de test diagnósticos que facilitan la detección del cáncer de próstata antes de padecer sintomatología: pro-PSA, 4kalicreinas, PCA-3, MDX y otros.

¿Cómo saber si hay metástasis del cáncer de próstata?

Una vez que se haya confirmado el diagnóstico, si hay sospecha de que el cáncer puede haberse extendido más allá de la próstata, pueden recomendarse pruebas de diagnóstico por imágenes como TAC abdominal y Gammagrafía ósea para descartar la presencia de afectación de ganglios linfáticos, afectación de órganos y metástasis ósea.

Tumores con buen pronóstico y no agresivos:

Vigilancia activa

En algunos casos, un cáncer de próstata de buen pronóstico y no agresivo puede no necesitar un tratamiento inmediato y ser simplemente controlado. La vigilancia activa puede ser una opción para el cáncer que no provoca síntomas, que se limita a una pequeña zona de la próstata y que se espera que crezca muy lentamente. Únicamente se tratará si se detecta que la agresividad del cáncer está aumentando y va a empezar a poner en riesgo la vida del paciente. Sin embargo, vigilar estrechamente este tipo de tumores, no significa ‘no hacer nada’, pues, en primer lugar, hace falta un mapeo completo de la próstata en la que no debe existir tumor de alto riesgo, y el paciente debe entender los pros y contras de esta estrategia. En segundo lugar, el control de los hombres en esta situación es realmente exhaustivo, usando resonancias de próstata y biopsias de control, además de urólogos altamente especializados en uro-oncología.

El principal beneficio es la ausencia de efectos secundarios. Entre las desventajas está el hecho de que los pacientes han de realizarse muchas pruebas, algunas de ellas invasivas como son las biopsias prostáticas.

Tumores con buen pronóstico que pueden tratarse localmente:

Terapia Focal

Algunos tumores de buen pronóstico pueden tratarse localmente sin necesidad de extirpar la totalidad de la próstata. El tratamiento empleado para ello es la terapia focal, que permite tratar solo la lesión y respetar la próstata, mejorando de manera sustancial el postoperatorio y disminuyendo los efectos secundarios del tratamiento.

Es una técnica que se realiza en quirófano, que destruye el tejido de la próstata con frío o con calor y que puede ser aplicado en casos puntuales de tumores únicos:

  • Crioterapia. La crioterapia o crioablación utiliza temperaturas muy bajas para destruir las células cancerígenas. Mediante unas agujas que se colocan por vía transperineal en las zonas a tratar, se consigue congelar el área de la próstata deseada y destruir todo el tejido tumoral.
  • HIFU. Los ultrasonidos focalizados de alta intensidad consiguen el mismo efecto lesivo sobre las zonas tumorales, pero gracias al calor que un dispositivo de ultrasonido es capaz de concentrar en el tejido de la próstata y hacer que muera, sin afectar a otros tejidos adyacentes.
  • Electroporación. La electroporación permite también preservar al máximo las estructuras sanas vecinas a la lesión tumoral a tratar. Por vía transperineal, se colocan varias agujas entre las que se desarrolla una diferencia de potencial eléctrico. Así, se administran una serie de pulsos eléctricos cortos y de alto voltaje, que tienen efecto destructivo selectivo sobre las células cancerosas de la lesión a tratar.

Tumores agresivos:

Prostatectomía radical (cirugía)

En los casos en los que el tumor es agresivo y no es posible tratarlo de manera más conservadora, la alternativa más curativa es la cirugía. El tratamiento quirúrgico o cirugía del cáncer de próstata consiste en la extracción completa de la glándula prostática y los tejidos circundantes, extrayendo también, en algunos casos, los ganglios linfáticos del área pélvica. Es una opción para tratar el cáncer que está limitado a la próstata. En ocasiones, la cirugía se recomienda combinada con otros tratamientos para tratar un tumor de próstata avanzado.

Se puede realizar por varios abordajes como son:

  • Abierto. En la cirugía abierta o cirugía retropúbica, el cirujano realiza una incisión larga en parte baja del abdomen para tener acceso a la glándula prostática y extirparla.
  • Laparoscópico. En el abordaje laparoscópico, el cirujano hace pequeñas incisiones por las que se introducen instrumentos quirúrgicos y una cámara de video (laparoscopio) para observar dentro del abdomen durante el procedimiento.
  • Robótico. Durante la prostatectomía radical asistida por robot, los instrumentos quirúrgicos se conectan a un dispositivo mecánico (robot) y se insertan en el abdomen a través de varias incisiones. El cirujano se sienta frente a una consola y usa los controles manuales para guiar el robot y mover los instrumentos.

Actualmente, en ROC Clinic, contamos con los dos sistemas robóticos disponibles: da Vinci (de Intuitive Surgical) y Toumai (de MicroPort® MedBot™), siendo el primer centro de España en incorporar este último robot. La tecnología robótica traduce los movimientos del cirujano, mejorando la ergonomía y reduciendo el temblor. Además, permite una visión real tridimensional del campo operatorio con una gran calidad de imagen que garantiza claridad y precisión de los detalles.

No obstante, ninguno de los anteriores abordajes ha demostrado ser superior a los otros en términos de control oncológico y mejor preservación de la función miccional o sexual del paciente. Si bien es cierto que, tanto la cirugía laparoscópica como la cirugía robótica, han demostrado disminuir el sangrado y la estancia hospitalaria del paciente.

Estos procedimientos duran entre 2 y 4 horas aproximadamente y se realizan bajo anestesia general.

Radioterapia

La radioterapia es la administración de radiaciones ionizantes para el tratamiento del cáncer, ya que utiliza energía de alta potencia para destruir las células cancerosas. Los tratamientos con radioterapia se pueden administrar solos o combinados con la cirugía.

En el caso del cáncer de próstata, existe una modalidad llamada braquiterapia, indicada únicamente en pacientes que padecen tumores de bajo riesgo, que consiste en insertar semillas radioactivas en la glándula prostática. Estas semillas administran una dosis baja de radiación durante un periodo prolongado.

También se puede aplicar la radioterapia externa a través de máquinas. Esta es una opción para tratar el cáncer que está limitado a la próstata y puede ayudar a ralentizar el crecimiento del tumor prostático que se disemina a otras zonas del cuerpo, como los huesos, y aliviar síntomas, como puede ser el dolor. En la radioterapia de haz externo, el paciente se acuesta sobre una camilla mientras una máquina se mueve alrededor de su cuerpo, dirigiendo haces de energía de alta potencia (rayos X o protones) al cáncer de próstata.

Terapia Hormonal

La testosterona (hormona sexual masculina) está relacionada directamente con la evolución del cáncer de próstata. En este sentido, la terapia hormonal se emplea para reducir los niveles de testosterona en el organismo o para bloquear sus efectos en la próstata. Con la supresión de esta hormona se produce una regresión del tumor.

El tratamiento de deprivación hormonal suele indicarse asociado a radioterapia o cuando la enfermedad está diseminada.

¿Cómo elegir el tratamiento adecuado?

Cada diagnóstico es único. Elegir el tratamiento adecuado para el cáncer de próstata depende de varios factores que deben evaluarse de forma personalizada por un equipo médico especializado. No existe una única opción válida para todos los pacientes. Nuestros especialistas valorarán de forma integral su caso y le explicará las opciones disponibles, los beneficios y posibles efectos secundarios.

Preguntas frecuentes

El cáncer de próstata en fases iniciales suele no presentar síntomas, por lo que la única forma de detectarlo precozmente es mediante revisiones médicas. Las pruebas principales son el análisis de PSA en sangre y el tacto rectal. En fases avanzadas pueden aparecer síntomas como dificultad para orinar, aumento de la frecuencia urinaria, sangre en la orina o dolor óseo. Si tienes más de 50 años, o antecedentes familiares, es recomendable acudir al urólogo aunque no tengas molestias.
El cáncer de próstata es curable, especialmente cuando se detecta en fases tempranas. Si el tumor está localizado, las tasas de curación superan el 90 % con tratamientos como cirugía, terapia focal o radioterapia. En casos avanzados, aunque no sea curable, existen terapias muy eficaces que permiten controlarlo durante años. La detección precoz es fundamental para aumentar las posibilidades de curación. Por eso, se recomienda realizar revisiones urológicas periódicas a partir de los 50 años (o antes si hay antecedentes familiares).
La operación robótica se recomienda en una variedad de situaciones donde sus ventajas pueden mejorar significativamente los resultados para el paciente en comparación con la cirugía abierta o laparoscópica tradicional. Se considera especialmente beneficiosa en procedimientos complejos donde se requiere una alta precisión y destreza quirúrgica en espacios reducidos, en pacientes con comorbilidades y/o cuando se busca preservar la función urinaria o eréctil.
Es normal sangrar después de una biopsia de próstata durante una o dos semanas, dependiendo del tipo de sangrado. Puede haber sangre en la orina, en las heces o/y en el semen.
A los 50 años s recomendable hacer un PSA, análisis de sangre para medir el Antígeno Prostático Específico que ayuda a detectar posibles anomalías en la próstata. Si en tu familia antecedentes de cáncer de mama o próstata, se recomienda empezar el control hacia los 45 años debido al mayor riesgo asociado a padecer cáncer de próstata.
Es suficiente con la realización de PSA y un tacto rectal –especialmente si el PSA es superior a 2,5-. En algunas ocasiones se puede realizar ecografía, flujometría o incluso tests genéticos para estudiar distintos aspectos de la próstata.
Es normal estar asustado, pero tenemos muchas opciones para conseguir la cura. El cáncer de próstata localizado se refiere a aquel que se encuentra confinado únicamente a la glándula prostática, sin evidencia de diseminación a otras partes del cuerpo. Este estadio ofrece diversas opciones de tratamiento con altas probabilidades de curación.En función de las características del tumor, podemos plantear tratamiento focal, prostatectomía o radioterapia. Es importante cuidadosamente los pros y contras de cada uno de los tratamientos y realizar una terapia personalizada. La mayoría de los hombres con diagnóstico temprano y tratamiento adecuado pueden esperar una curación completa.
Las más comunes son la disfunción eréctil y la incontinencia urinaria. Es especialmente importante que el cirujano tenga mucha experiencia para poder respetar los nervios que dan la erección, puesto que esto se ha relacionado con mejor erección y mejor continencia. La aparición y duración de estas secuelas dependen de factores como el tipo de cirugía realizada, la técnica empleada y las características individuales de cada paciente. Es fundamental seguir las indicaciones médicas y acudir a las consultas de seguimiento para asegurar una recuperación óptima.
Sí. Un PSA elevado no siempre indica la presencia de cáncer de próstata. Es muy común que algunos hombres tengan el PSA alto y que este aumente con la edad sin que se detecte ninguna anomalía significativa. Algunos hombres, por otro lado, sencillamente tienen el PSA alto porque tienen la próstata grande.Por tanto, no hay que alarmarse ante un PSA elevado sin un diagnóstico claro. Aún así, es recomendable realizar análisis periódicos de PSA para observar su evolución en el tiempo.
Habla con tu urólogo. Seguramente la mejor alternativa sea la realización de una resonancia magnética de próstata, para descartar que haya algún problema.

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