Salimos muy contento por la relación médico-paciente
Se estima que la incontinencia urinaria afecta al 25% de la población, aunque, en muchos casos, no se solicita atención médica por pensar que es un proceso normal que viene dado con la edad o que es una afección que no tiene solución. Sin embargo, cada vez existen más tratamientos para curar la incontinencia de orina o al menos mejorar la sintomatología y la calidad de vida.
La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina, una afección que es más frecuente en mujeres que en varones, entre otras cuestiones, porque la uretra de la mujer es más corta.
La incontinencia urinaria es la pérdida espontánea de orina de forma involuntaria, alterando la calidad de vida del paciente. Estas pérdidas pueden aparecer en distintas circunstancias como en esfuerzos físicos, al toser, hacer deporte, reír, escapes al final de la micción, escapes desencadenados con el deseo miccional. También pueden existir escapes de orina en el momento de las relaciones sexuales.
En función de los síntomas que se presenten, la incontinencia urinaria puede clasificarse de la siguiente manera:
La incontinencia urinaria puede ser causada por determinados hábitos diarios, enfermedades subyacentes o problemas físicos. Una evaluación exhaustiva a cargo del médico puede ayudar a determinar lo que produce la incontinencia.
Si los síntomas urinarios en la mujer no son tratados adecuadamente pueden llevar a su empeoramiento y a la progresión de los mecanismos involucrados, como debilidad del suelo pélvico, dificultando el tratamiento.
Otras complicaciones que pueden aparecer son:
Aunque la incontinencia urinaria no siempre puede prevenirse, sí se puede disminuir el riesgo de padecerla llevando una vida saludable con ejercicio físico, evitando alimentos que irriten la vejiga, ingiriendo más fibra y dejando de fumar.
Para el diagnóstico de la incontinencia urinaria femenina, el médico debe preguntar sobre el momento en el que se produce el escape de orina para detectar si predomina la incontinencia por esfuerzos físicos o por tener que ir corriendo al servicio.
Contamos con cuestionarios y un diario que se da a los pacientes para que indiquen en qué situaciones se les escapa la orina y en qué cantidad. Esto nos ayuda a ver la repercusión que tienen estas pérdidas.
Para cuantificar de manera fiable la cantidad de orina que se escapa al día es necesario hacer hincapié en que la persona haga vida normal. Si en el momento en el que estamos cuantificando los escapes de orina, la paciente con sospecha de incontinencia urinaria de esfuerzo deja de hacer sus actividades por miedo a sufrir los escapes, posiblemente tenga menos escapes de los que tendría llevando una vida normal, siendo muy difícil realizar una cuantificación precisa.
Normalmente, se realizan las siguientes pruebas diagnósticas para descartar que haya otra afección, pero con una buena historia clínica y unos cuestionarios podemos llegar a un diagnóstico preciso.
Como en muchas ocasiones la incontinencia urinaria se asocia con infecciones de orina, se hace un análisis de orina con cultivo para descartar que se trate de esta patología tan prevalente.
Se realizará una ecografía para identificar que no haya nada de base, como alguna piedra en la vejiga o algún tipo de alteración en el vaciado, ya que al ser en su mayoría personas mayores, puede haber prolapso de la vejiga o del útero, condicionando también escapes de orina.
El estudio urodinámico no es necesario en todos los pacientes. Esta prueba nos dice, subjetivamente, cómo es la incontinencia de orina y ayuda mucho a distinguir el tipo de incontinencia.
El primer escalón del tratamiento recomendado para todos los pacientes, independientemente del tipo de incontinencia que tengan, son medidas conservadoras que no requieren cirugía ni la toma de medicamentos.
El tratamiento conservador incluye una combinación de medidas higiénico-dietéticas, entrenamiento vesical, entrenamiento personalizado por un fisioterapeuta especializado en el suelo pélvico -con o sin biofeedback-, estimulación eléctrica y el uso de dispositivos vaginales.
Cuando los tratamientos conservadores no han funcionado, se pude recurrir a la medicación con pastillas, parches o tratamientos vaginales en función de la clínica de la paciente. Para ello se realiza un estudio individualizado y un abordaje especializado a la paciente, informándole adecuadamente de los efectos esperados. Entre los tratamientos administrados en la vejiga se encuentran la toxina botulínica, ácido hialurónico o, en caso de infección urinaria y síntomas dolorosos relacionados con la vejiga, el condroitín sulfato.
El tratamiento vaginal con láser tiene un papel en varias patologías funcionales urológicas femeninas. Es un tratamiento indoloro que consiste en aplicar láser de CO2 en la vagina para estimular la producción de colágeno a nivel muscular, consiguiendo el retensado del suelo pélvico.
Este tratamiento no necesita ninguna preparación especial antes del tratamiento, ni precauciones posteriores al tratamiento. La paciente regresa inmediatamente a su actividad diaria.
En pacientes con incontinencia urinaria de esfuerzo leve, disponemos de la inyección de agentes abultantes intrauretrales. Se trata de un modalidad de tratamiento mínimamente invasiva, eficaz y con reincorporación inmediata a la actividad diaria.
En el caso de incontinencia de esfuerzo puede ser necesaria la cirugía, esta operación para la incontinencia urinaria suele basarse tradicionalmente en la utilización de mallas o slings. En caso de prolapso abdominal, la cirugía puede llevarse de modo vaginal o con un abordaje mínimamente invasivo abdominal con laparoscópica o robótico. En caso de incontinencia, la cirugía suele llevarse a cabo en 25 minutos y la persona puede irse el mismo día a casa
Realizamos un estudio detallado de las pacientes y para aplicar de forma individualizada las distintas maniobras de tratamiento con bandas suburetrales, sling ajustables o esfínter urinario artificial.
Para la recuperación de la cirugía se recomienda evitar los esfuerzos las primeras semanas de la cirugía para asegurar la correcta cicatrización del suelo pélvico. El tiempo de recuperación es de unas 6 semanas. Volver al trabajo va a depender de la profesión que se desempeñe, si es un trabajo de oficina, quizás al día siguiente se puede retomar. En cambio, si es un trabajo en el que se tiene que coger peso, es necesario esperar las 6 semanas de recuperación para conseguir que la malla se integre con el organismo y cicatrice para que no dé problemas.
Atendemos a nuestros pacientes en la clínica ROC Chamberí y en la red de centros HM Hospitales de Madrid: Sanchinarro, Montepríncipe, Madrid Río, Rivas, Puerta del Sur, Nuevo Belén, Policlínico HM Moraleja y Nuevo Norte.
Próximamente
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J.G. 6 de agosto de 2026
La confianza de nuestros pacientes refleja nuestro compromiso con una atención urológica de excelencia, cercana y personalizada. Cada experiencia nos impulsa a seguir mejorando y a ofrecer el cuidado y acompañamiento que cada paciente necesita.


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Excelente clínica urológica por los profesionales que trabajan en ella.
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