Cáncer de vejiga

El cáncer de vejiga se encuentra entre los tumores urológicos más frecuentes

Se origina en las células que recubren el interior de la vejiga y puede presentar diferentes características y formas de evolución. Conocer el tipo de tumor y su extensión es clave para determinar el abordaje más adecuado en cada caso.

( * Campos obligatorios)

¿Qué es?

El cáncer de vejiga es una enfermedad originada en la capa que recubre la vejiga por dentro, capa que también se encuentra en los uréteres y que llega a los riñones. Por tanto, también es necesario revisar periódicamente el tracto urinario superior -desde la vejiga hasta los riñones- para comprobar si ha habido recaídas o aparición de nuevos tumores en esta zona.

Afortunadamente, la mayoría de estos tumores (en torno al 75% de los casos) se diagnostican en un estadio no músculo-invasivo, es decir, cuando la raíz aún no ha llegado al músculo de la vejiga, llamado músculo detrusor. Sin embargo, uno de los principales problemas de este cáncer es su alta tasa de recurrencia y de progresión. Es decir, que el tumor tiende a reaparecer y, en algunas de estas recaídas, puede llegar a invadir el músculo.

Por este motivo, es importante realizar revisiones periódicas para descartar su reaparición, aún incluso después de haberse sometido a cirugía y a tratamientos de lavados intravesicales con instilaciones de quimioterapia o de inmunoterapia BCG (bacilo de Calmette-Guérin) a través de sonda.

Los principales síntomas del cáncer de vejiga pueden variar según la etapa de la enfermedad y el tipo de cáncer, pero generalmente incluyen:

1. Hematuria (sangre en la orina)

  • Es el síntoma más común del cáncer de vejiga. La sangre en la orina puede ser visible a simple vista (hematuria macroscópica) o detectarse solo mediante un análisis de orina (hematuria microscópica).
  • La orina puede verse rosada, rojiza o color marrón oscuro.

La presencia de hematuria (sangre en la orina) por sí misma no confirma la existencia de cáncer de vejiga, ya que existen muchas otras causas de sangrado como puede ser una infección de las vías urinarias. Pero siempre que aparece hematuria hay que descartar la presencia de un cáncer de vejiga (por la potencial gravedad del mismo), mediante la realización de algunos estudios que determinen si se confirma el diagnóstico de cáncer de vejiga o se trata de otra patología.

2. Escozor o ardor al orinar

  • Los pacientes pueden experimentar dolor o una sensación de ardor durante la micción, que a veces se confunde con una infección urinaria.

3. Necesidad frecuente de orinar

  • Aumento de la frecuencia urinaria, incluso si la vejiga no está completamente llena. Puede haber una sensación constante de tener que orinar, pero en pequeñas cantidades.

4. Cualquier otro tipo de problemas o cambios en la dinámica miccional

5. En etapas avanzadas o con diseminación a otros órganos del cáncer de vejiga pueden aparecer otros síntomas como:

  1. Dolor abdominal.
  2. Masa abdominal palpable.
  3. Pérdida de apetito y peso.
  4. Cansancio y debilidad.
  5. Dolor de espalda.
  6. Retención de orina.

Ante la aparición de cualquiera de estos síntomas es recomendable consultar con su médico o urólogo.

La edad, el tabaco y la exposición a pinturas industriales y tintes son las principales causas del cáncer de vejiga. Además, pacientes que llevan sondajes crónicos, con infecciones urinarias recurrentes o con cálculos pueden tener una incidencia incrementada de cáncer de vejiga del subtipo escamoso debido a la presencia de cuerpo extraño en el interior de la vejiga.

La edad

El cáncer de vejiga es más frecuente en personas a partir de los 50 o 60 años, aunque también existen casos en gente más joven.

El tabaco

Es el causante del 50% de los casos de cáncer de vejiga, tanto en hombres como en mujeres. La probabilidad de que una persona fumadora padezca cáncer de vejiga es al menos el triple que los no fumadores.

Aspectos ambientales y ocupacionales

Existen determinadas sustancias químicas industriales que se vinculan al cáncer de vejiga como, por ejemplo, las aminas aromáticas que se usan en algunas industrias de colorantes. Las personas expuestas a la fabricación de goma, cuero, textiles, pinturas y tintes tienen mayor riesgo de padecer este cáncer.

Así, si se conjugan las dos situaciones, ser fumador y estar expuesto a este tipo de sustancias por trabajo, el riesgo de padecer cáncer de vejiga es especialmente alto.

Irritación e infección crónica de la vejiga

Las infecciones urinarias, los cálculos renales y en la vejiga, los catéteres de vejiga usados por largo periodo de tiempo, así como otras causas de irritación crónica de la vejiga, se han asociado al cáncer de vejiga del subtipo escamoso.

La esquistosomiasis

Una infección con parasito que se ingiere a través de la ingesta de aguas no potabilizadas y que se aloja en la vejiga, también supone un factor de riesgo para el cáncer de vejiga del subtipo escamoso, principalmente en países donde este parásito es común: África y Oriente Medio, sobre todo.

Uso prolongado de ciclofosfamida

El uso prolongado del medicamento de quimioterapia ciclofosfamida puede irritar la vejiga y aumentar el riesgo de cáncer de vejiga. A las personas que toman este medicamento se les pide que beban mucha agua para ayudar a proteger la vejiga de la irritación.

La radiación

Las personas que reciben tratamientos con radiación a la pelvis tienen más probabilidades de padecer cáncer de vejiga.

La raza

Aunque se desconocen las razones en profundidad, las personas de raza blanca son más propensas a padecer cáncer de vejiga que las personas de raza negra.

Antecedentes familiares y genética

Las personas con algún familiar con cáncer de vejiga tienen mayor riesgo de padecer la enfermedad. Puede que compartan cambios en algunos genes (como GST y NAT) que dificultan la descomposición de ciertas toxinas.

Por otro lado, un número pequeño de personas hereda algún síndrome genético que aumenta su riesgo de cáncer de vejiga. Este puede ser:

  • Mutación del gen de retinoblastoma (RB1) puede aumentar el riesgo de cáncer de vejiga.
  • Enfermedad de Cowden, causada por mutaciones en el gen PTEN, también puede aumentar la probabilidad de padecer cáncer de vejiga.
  • Síndrome de Lynch, también conocido como cáncer colorrectal hereditario no poliposo o HNPCC, pueden aumentar el riesgo de desarrollar un cáncer de vejiga, así como de otros cánceres del tracto urinario.

Para el diagnóstico y seguimiento del cáncer de vejiga se realizan diversas pruebas complementarias:

1. Análisis de sangre

2. Análisis de orina

3. Citología urinaria

Consiste en la evaluación anatomopatológica de las células vesicales que se desprenden en la orina.

4. Pruebas de imagen

Tales como ecografías, escáneres o resonancias magnéticas.

5. Cistoscopia

Consiste en la introducción una cámara (cistoscopio) a través de la uretra para la visión directa del interior de la vejiga. Esta última es más invasiva e incómoda para el paciente.

6. Bladder Epicheck®

Como alternativa, disponemos de un test no invasivo: el test de metilación de ADN Bladder Epicheck®, que permite disminuir la intensidad de pruebas invasivas como las cistoscopias. Se trata de un test cómodo para el paciente, pues solamente hay que entregar una muestra de orina.

El kit epigenético Bladder Epicheck®  se trata de una prueba por PCR que analiza el ADN presente en la orina y estudia la metilación del ADN de 15 marcadores específicos de los tumores vesicales. Si el resultado es negativo, el test descarta la presencia de tumores vesicales agresivos con más de un 99% de precisión.

7. Análisis de factores de riesgo

En el proceso de diagnóstico, preguntamos al paciente si tiene algún factor de riesgo para padecer cáncer de vejiga como tabaquismo o exposición a agentes químicos.

8. Valoración anatomopatológica

Si se encuentra un tumor, debemos observar el tamaño, número, localización, apariencia, nivel de invasión y grado celular del mismo. Además, en esta valoración anatomopatológica concluimos si el tumor es no musculo-invasivo, es decir, que no ha alcanzado el músculo detrusor de la vejiga, o si por el contrario, es musculo-invasivo, es decir, que sus raíces han llegado a la capa muscular (25%). En función de esto se aplicará un tratamiento u otro, permitiendo conservar la vejiga en casi la totalidad de los casos de no invasión muscular u obligándonos a realizar una cistectomía (quitar la vejiga) en la mayor parte de casos de invasión muscular (incluyendo además tratamientos sistemáticos, como quimioterapia o inmunoterapia, en casos de invasión muscular).

9. UroTAC

Asimismo, se realiza un UroTAC para evaluar uréteres, pelvis y cálices renales y descartar la presencia de implantes tumorales en estas localizaciones, ya que los tumores del tracto urinario superior pueden coexistir con el tumor vesical en hasta en un 5-10% de los casos. El UroTAC se trata de un procedimiento radiológico que produce imágenes transversales tridimensionales del cuerpo humano. Como en otras pruebas de imagen, se utiliza un contraste por vía intravenosa. Esto ayuda a delinear mejor las estructuras anatómicas, como los vasos sanguíneos del organismo. Asimismo, el TAC toracoabdomino pélvico se emplea para descartar la presencia de metástasis.

10. Resonancia magnética

En ciertos casos también se puede plantear la necesidad de una resonancia magnéticas, especialmente para valorar la invasión local en algunos tumores, o si el paciente tiene contraindicación para un TAC.

 

Tratamientos para el cáncer de vejiga no musculoinvasivo

Resección transuretral de vejiga

Cuando el tumor se encuentra en una etapa temprana o superficial, se puede tratar con una resección transuretral de vejiga (RTU). Este procedimiento quirúrgico se emplea tanto para el diagnóstico del cáncer de vejiga como para el tratamiento del tumor.

Para llevarlo a cabo, se introduce un resector transuretral en la vejiga a través de la uretra (procedimiento endoscópico). Una vez dentro, se realiza una exploración visual para identificar todas las lesiones tumorales o sospechosas (cistoscopia). Posteriormente, se extirpa (resección) el tejido tumoral utilizando energía eléctrica que calienta el resector, alcanzando la temperatura óptima para cortar y cauterizar el tejido afectado. En ciertos casos, puede estar indicado el uso de energía láser en lugar de energía eléctrica.

Este procedimiento permite, además, obtener muestra tumoral para el diagnóstico anatomopatológico y posterior estadiaje.

Este tratamiento, por lo general, requiere de anestesia raquídea (anestesia regional inyectada en la espalda), aunque puede variar según las necesidades del paciente y del anestesiólogo que lo aplique. Asimismo, el paciente ha de recibir antibiótico profiláctico durante la cirugía para disminuir el riesgo de infecciones.

Esta técnica finaliza con la colocación una sonda vesical con un sistema de lavado con suero fisiológico continuo para prevenir la formación de coágulos.

La duración de esta cirugía puede variar de 30 a 120 minutos dependiendo del número, tamaño o localización de los tumores. El tiempo de hospitalización puede durar de 1 a 2 días.

Quimioterapia intravesical

La quimioterapia es el uso de determinados medicamentos para para evitar que las células cancerosas crezcan o provocar la muerte de las mismas.

En la quimioterapia intravesical, los fármacos se administran directamente en la vejiga mediante un catéter insertado en la uretra. Es un tratamiento local y, por tanto, solo destruye las células tumorales superficiales que entran en contacto con la solución de quimioterapia. No alcanza las células tumorales infiltradas en el músculo de la vejiga ni las que se han diseminado a otros órganos. Por esta razón, la quimioterapia intravesical solo se usa para los cánceres la vejiga no músculo invasivos. Los medicamentos usados con más frecuencia en la quimioterapia intravesical son la mitomicina-C, gemcitabina y epirubicina.

La quimioterapia intravesical se administra con diferentes esquemas de tratamiento comenzando unas semanas después de la RTU vesical para disminuir la probabilidad de recaída del tumor. También existe la opción de administrar una dosis postoperatoria de mitomicina C en las primeras 24 horas tras la RTU, con el objetivo de eliminar aquellas células tumorales que hubiesen podido quedar “flotando” en la vejiga tras la intervención y evitar así su implantación en las paredes, dando lugar a una recaída del tumor.

Inmunoterapia intravesical

La inmunoterapia es el uso de medicamentos que ayuden al sistema inmunitario a reconocer y destruir las células cancerosas y evitar que el cáncer se reproduzca y progrese.

En ocasiones, tras la resección transuretral de vejiga, puede administrarse inmunoterapia con bacilo de Calmette-Guérin (BCG), una bacteria atenuada que puede ayudar a provocar una respuesta inmunitaria cuando el cáncer de vejiga no es infiltrante y presenta células de alto grado. Se administra directamente en la vejiga por sonda vesical o catéter con el objetivo de prevenir recidivas tumorales o progresión de tumores previos a estadios más avanzados.

Para determinar si el paciente precisa estas terapias se tienen en cuenta varios agentes: estadio local, grado tumoral, tamaño de las lesiones extirpadas, historia de recurrencias previas o presencia de carcinoma in situ asociado, así como el estado general del paciente y una evaluación del resto de patologías que presenta.

Por lo general, las instilaciones de BCG se realizan una vez a la semana durante seis semanas en el período de inducción y luego se realizan varios refuerzos en tandas de tres semanas con frecuencia variable durante un mínimo de un año y un máximo de tres años (período de mantenimiento).

Tratamientos para el cáncer de vejiga musculoinvasivo

Cistectomía radical y cirugía reconstructiva

En primer lugar, se realizará una RTU vesical para establecer el diagnóstico de infiltración del tumor en la capa muscular. Una vez hecho el diagnóstico, se puede realizar una cistectomía radical (extracción de la vejiga) con una intención curativa. La cistectomía en los hombres incluye la extirpación de vejiga, próstata y vesículas seminales. En las mujeres, implica extirpar vejiga, útero, ovarios, cuello uterino (cérvix) y parte de la vagina. Asimismo, se deben extirpar los ganglios linfáticos de la pelvis en ambos sexos.

En la misma cirugía, el cirujano debe crear una derivación urinaria, es decir, una nueva forma de almacenar orina y permitir que se elimine del cuerpo. Para ello, existen diferentes técnicas que el médico debe valorar. Entre las más empleadas destacan la neovejiga, que consiste en la creación de una nueva vejiga a partir del intestino; la ureterostomía cutánea, que consiste en abocar los uréteres a la piel del abdomen; y la ureteroileostomía cutánea, que consiste en anastomosar (unir) los uréteres a una porción de intestino que permitirá la salida de orina a través del estoma realizado en la piel del paciente. Esta cirugía se puede realizar mediante abordaje abierto; laparoscópico, es decir, mediante una cámara que transmite la imagen ampliada a un monitor permitiendo al cirujano intervenir en el interior del paciente sin realizarle grandes incisiones; o robótico, que permite realizar procedimientos complejos de manera menos invasiva y con mayor precisión, flexibilidad y control.

Aunque la cistectomía se suele realizar para tratar el cáncer de vejiga invasivo, también se puede realizar cuando el tumor no invade el músculo pero fracasa a otros tratamientos.

Preservación de la vejiga mediante tratamiento trimodal o multimodal

En pacientes muy seleccionados de cáncer infiltrante, con tumores con condiciones favorables o que no son aptos para la cistectomía es posible conservar la vejiga sometiendo al paciente a un tratamiento combinado de resección transuretral (RTU vesical), quimioterapia y radioterapia. Es lo que llamamos un tratamiento trimodal y, antes de llevarlo a cabo, se debe realizar una valoración muy exhaustiva de las características del tumor y del paciente en el seno de un comité multidisciplinar.

Tratamientos sistemáticos

Se trata de la administración de medicamentos de quimioterapia por vía intravenosa. Los fármacos entran en el torrente sanguíneo y circulan por todo el cuerpo atacando las células cancerosas distantes del tumor principal, es decir, a las que ya se han propagado fuera de la vejiga. A esto se le llama quimioterapia sistémica.

Los más empleados son cisplatino, gemcitabina o MVAC, que combina metotrexato, vinblastina, doxorrubicina y cisplatino.

También se puede aplicar después de la cistectomía en pacientes con afectación tumoral de la grasa perivesical u órganos vecinos, afectación ganglionar, o en pacientes que ya tienen metástasis en el momento del diagnóstico y que no han sido operados. La inmunoterapia, es decir, el uso de medicamentos que ayuden al sistema inmunitario a reconocer y destruir las células cancerosas se emplea como segunda línea de tratamiento una vez que la enfermedad progresa a pesar de la quimioterapia, aunque cada vez hay más datos que apoyan su uso precoz.

De hecho, en el escenario tras la cistectomía, algunos sujetos pueden tener indicación de recibir inmunoterapia. Por otro lado, los datos más recientes apoyan el uso de quimioterapia + inmunoterapia antes de la cistectomía, seguido del uso de inmunoterapia tras la cirugía.

Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen de la persona y de la dosis utilizada, pero pueden manifestarse en forma de fatiga, riesgo de infección, náuseas y vómitos, caída del cabello, pérdida del apetito y diarrea. Estos efectos secundarios generalmente desaparecen tras finalizar el tratamiento. La inmunoterapia presenta un perfil de toxicidad más favorable que la inmunoterapia.

Radioterapia:

La radioterapia utiliza rayos de intensidad modulada como parte de tratamiento multimodal para destruir las células cancerosas que no se detectaron durante la cirugía o como tratamiento paliativo de la hematuria incoercible (sangrado que no puede ser contenido).

La combinación de radioterapia y quimioterapia después de la cirugía transuretral de la vejiga en ocasiones puede erradicar en cáncer sin necesidad de recurrir a la cistectomía.

Preguntas frecuentes

No, un cultivo de orina no detecta cáncer, ya que su propósito es identificar infecciones urinarias mediante la presencia de bacterias. Sin embargo, otras pruebas de orina, como el análisis general de orina o la citología urinaria, pueden sugerir la presencia de cáncer al detectar sangre o células anormales en la orina.Si hay sospecha de cáncer en el sistema urinario, se requieren estudios adicionales como pruebas de biomarcadores, ecografías, tomografías o biopsias para confirmar el diagnóstico. Si detectas sangre en la orina sin causa aparente es fundamental acudir al médico para una evaluación más detallada.
El sangrado en la orina, escozor al orinar o la sensación de vaciado incompleto.
Cuando el sangrado se percibe a simple vista hay que estudiarla siempre. Cuando es microscópica, es decir, que no es perceptible a la vista, cuando hay que estudiarla siempre que sea significativa (más de 3 hematíes por campo) especialmente en pacientes con factores de riesgo: mayores de 40 años o fumadores o expuestos a determinadas sustancias de tinte o pintura.
En general es bueno. Son tumores que se suelen diagnosticar antes de que infiltre el músculo, permitiendo conservar la vejiga. El problema reside en que es una enfermedad crónica que tiene recurrencia y hay recaída con el tiempo. Necesita muchas revisiones y tratamientos y que el paciente se adhiera sin saltarse las revisiones que puedan derivar en metástasis.
Por lo general, cuando los tumores son músculo-invasivos y no han llegado a trasladarse, sino que están localizados en la vejiga, hay que extirpar la vejiga y derivar la orina con una bolsa hacia la piel. En pacientes muy seleccionados y con unas características específicas del tumor, se pueden emplear diferentes técnicas de neovejiga.
Hay que vivir con él. Sí es cierto que se puede operar, pero en el futuro puede reaparecer y por tanto hay que someterse a revisiones para atajarlo a tiempo. La clave está en tenerlo controlado.
La mayoría de los pacientes no llegan a los dos años. Ahora hay nuevos tratamientos con inmunoterapias que están consiguiendo supervivencias más largas.
La edad, el tabaco y la exposición a pinturas industriales y tintes. Además, pacientes que llevan sondajes crónicos o con litiasis pueden tener una incidencia incrementada de cáncer de vejiga del subtipo escamoso que se produce por un cuerpo extraño en el interior de la vejiga.

Nuestros centros
de urología

Atendemos a nuestros pacientes en la clínica ROC Chamberí y en la red de centros HM Hospitales de Madrid: Sanchinarro, Montepríncipe, Madrid Río, Rivas, Puerta del Sur, Nuevo Belén, Policlínico HM Moraleja y Nuevo Norte. 

ROC Chamberí

Próximamente

ROC Bernabéu

ROC HM Sanchinarro

ROC HM Montepríncipe

ROC HM Puerta del Sur

ROC HM Madrid Río

ROC HM Rivas

ROC HM Nuevo Belén

ROC HM Nuevo Norte

ROC Policlínico HM Moraleja

Nuestros centros
de urología

Atendemos a nuestros pacientes en la clínica ROC Chamberí y en la red de centros HM Hospitales de Madrid: Sanchinarro, Montepríncipe, Madrid Río, Rivas, Puerta del Sur, Nuevo Belén, Policlínico HM Moraleja y Nuevo Norte. 

ROC Clinic

Urología en Madrid

4,8 ★★★★★★★★★★
Pide cita ahora
★★★★★★★★★★ Valoración verificada

Salimos muy contento por la relación médico-paciente

J.G. 6 de agosto de 2026

Ver todas las valoraciones (43)
Powered by TOPDOCTORS

La experiencia de
nuestros pacientes

La confianza de nuestros pacientes refleja nuestro compromiso con una atención urológica de excelencia, cercana y personalizada. Cada experiencia nos impulsa a seguir mejorando y a ofrecer el cuidado y acompañamiento que cada paciente necesita.

4,7
★★★★★ 94 reseñas publicadas en Google
Déjanos una reseña en Google

Artículos relacionados

¿Es malo aguantarse las ganas de orinar? Riesgos y consecuencias para la salud

Aguantarse las ganas de orinar de forma ocasional no suele ser perjudicial, pero cuando este hábito se repite puede afectar al funcionamiento de la vejiga...

Micciones frecuentes en niños: cuándo es solo un hábito y cuándo consultar

Las micciones frecuentes en niños suelen ser motivo de preocupación para las familias, aunque en muchos casos responden a alteraciones funcionales y transitorias. Conocer sus...

Flujometría urinaria: qué es, cómo se realiza y qué información aporta

En urología, muchas decisiones clínicas se basan en datos objetivos. No basta con saber que un paciente “orina peor” o que el chorro “ha perdido...