Prostatitis

Dolor, molestias urinarias y dificultad para orinar pueden afectar de forma importante al día a día

La prostatitis es una inflamación de la próstata que puede tener diferentes causas y presentar síntomas de intensidad y duración variables. Puede aparecer de forma aguda o persistir durante periodos prolongados.

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¿Qué es?

Los síntomas de la prostatitis van a depender de la causa que la origine, entre los principales se encuentran:

  • Sensación de ardor o dolor al orinar.
  • Dificultad para orinar, como goteo.
  • Micción frecuente, aun cuando sólo haya una cantidad pequeña de orina.
  • Urgencia de orinar.
  • Dolor en el abdomen, la ingle o la espalda (lumbar).
  • Presión o dolor en la parte entre el escroto y el recto (perineo).
  • Dolor o incomodidad en el pene o los testículos.
  • Problemas sexuales o falta de libido.
  • Eyaculación dolorosa
  • Signos y síntomas parecidos a los de la gripe como escalofríos y fiebre (con prostatitis bacteriana).

Las causas de la prostatitis son diversas y dependen del tipo de agente patógeno que ha provocado la inflamación de la próstata. Estos pueden ser de origen bacteriano o no bacteriano.

En la mayoría de los casos está causada por la entrada de gérmenes a la próstata a través de la uretra (infección bacteriana). Sin embargo, otros cuadros inflamatorios de la próstata podrían estar causados por un estrechamiento de la uretra y del cuello o la pared de la vejiga, por una alteración del retorno venoso o porque parte de la orina se filtra hacia el interior de la glándula prostática (flujo intraductual).

Los factores que aumentan el riesgo de desarrollar prostatitis son:

  • Ser joven o de mediana edad.
  • Haber tenido prostatitis con anterioridad.
  • Tener una infección en la vejiga o en la uretra.
  • Tener una lesión pélvica.
  • Portar un catéter urinario insertado en la uretra para drenar la vejiga.
  • Tener VIH/SIDA.
  • Haberse sometido a una biopsia de próstata.

El diagnóstico de la prostatitis, además de basarse en la historia clínica del paciente, incluye el descarte de otras patologías como causa de los síntomas y la determinación del tipo de prostatitis que tiene el paciente. Esto se determinará con la realización de algunas de las siguientes pruebas:

  •  Exploración física (tacto rectal).
  • Cultivo fraccionado de orina. Se basa en la obtención por separado de diferentes especímenes de orina y secreciones prostáticas.
  • Cultivo de semen. Consiste en analizar el semen para buscar posibles infecciones que estén causadas por bacterias, hongos u otros microorganismos.
  • Análisis de sangre.
  • Masaje prostático. En algunos casos, se puede masajear suavemente la próstata durante un tacto rectal para liberar líquido prostático hacia la uretra. Una muestra de orina después del masaje expulsa el líquido de la próstata para realizar pruebas bacterianas.
  • Ecografía. En algunos casos, se puede solicitar una ecografía de la próstata.

Si las pruebas iniciales no muestran signos de infección, es posible que se indiquen a otras como:

  • Estudio urodinámico. Se puede usar una variedad de pruebas para comprobar cómo están la vejiga y la uretra a efectos de retención y liberación de la orina.
  • Imágenes. Se pueden indicar pruebas de imagen para identificar irregularidades en la próstata, crecimientos anormales u otros problemas en la zona pélvica que pueden estar contribuyendo al dolor.

El tratamiento de la prostatitis crónica o dolor pélvico crónico del varón debe hacerse de forma individualizada y supervisada por un especialista en esta enfermedad.

Habitualmente, no existe una terapia única eficaz y el tratamiento debe ser multimodal, probando distintas opciones terapéuticas para dar con la más adecuada en cada caso. Entre estas, se incluyen:

Medidas conservadoras no farmacológicas

  • Fisioterapia. La intervención de un fisioterapeuta puede ayudar a tratar puntos gatillo, definidos como áreas osteo-musculares, cuya presión o movilización disparan el dolor. Se basa, sobre todo, en la realización de masajes, estiramientos, liberación de los puntos gatillo por digitopresión, técnicas de inducción miofascial y tratamiento de la hipertonía diafragmática y de la musculatura abdominal. El tiempo es un factor clave, ya que la liberación de las fibras es un proceso lento.
  • Terapia electromagnética y termoterapia con microondas. Algunos estudios con pocos pacientes han demostrado su utilidad en la mejoría de los síntomas.
  • Acupuntura. Consiste en la inserción de agujas muy finas en la piel en puntos estratégicos con el objetivo de estimular nervios, músculos y tejidos conectivos y activar el flujo sanguíneo. En un reciente metaanálisis que recoge la experiencia con 471 pacientes, se observó que la acupuntura mejoraba los síntomas, por lo que debe considerarse como una alternativa terapéutica eficaz y segura.
  • Estimulación del nervio tibial. Este tipo de técnicas, aunque prometedoras, se reservan para casos muy concretos.
  • Ondas de choque. En los últimos años, varios estudios han confirmado que la terapia con ondas de choque puede mejorar los síntomas del dolor pélvico crónico, a la vez que mejora la calidad de vida y la capacidad de vaciado de la vejiga, sin mostrar efectos adversos de importancia. La mayoría de los estudios están realizados con un tratamiento semanal durante 4 semanas, siendo posible administrarlo de forma completamente ambulatoria y sin anestesia. Este tratamiento contribuye a regenerar los vasos sanguíneos a nivel de los músculos perineales permitiendo disminuir la inflamación de la próstata, disminuir las contracturas musculares e incrementar el flujo sanguíneo en la próstata.

Tratamiento farmacológico

  •  Antiinflamatorios. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) mejoran la sintomatología relacionada con el dolor pélvico crónico. Si bien esta mejoría se limita al tiempo de tratamiento con los mismos.
  •  Alfa-bloqueantes. Varios estudios han observado el efecto de estos fármacos en el tratamiento de esta patología con resultados discordantes. Probablemente tengan un efecto beneficioso, aunque este será más acusado en pacientes que además presenten problemas miccionales.
  • Terapia antibiótica. Esta ha sido la base del tratamiento durante mucho tiempo, basándose en la mejoría clínica que presentan los pacientes mientras la están tomando. Sin embargo, no queda claro que la tasa de respuesta a largo plazo sea buena. En caso de administrarse, siempre se deben tomar ciclos largos, durante 6 semanas.
  • Inhibidores de la 5-alfa-reductasa. Basándose en la evidencia disponible, no se puede recomendar el uso de este tipo de fármacos en el tratamiento del dolor pélvico crónico, al menos de forma general.
  • Fitoterapia. Diversos extractos han demostrado beneficios en la mejoría de los síntomas con respecto a placebo, aunque la gran variedad de compuestos disponibles no permite extraer conclusiones generalizadas.
  • Toxina botulínica. En un trabajo reciente, se ha demostrado la posible eficacia de inyecciones con Botox® en la musculatura pélvica, aunque son necesarios más estudios que avalen su utilidad.

Terapia psicológica

En muchos casos, el dolor pélvico crónico tiene consecuencias importantes sobre el paciente a nivel psicológico. Estas pueden ir desde alteraciones del ánimo en general, hasta dificultades en el desempeño sexual. En este caso, una evaluación psicológica/sexológica puede ayudar a mejorar el cuadro.

Preguntas frecuentes

Cuando hay problemas de próstata, puede manifestarse dolor en varias zonas del cuerpo dependiendo de la afección específica y su gravedad. Las causas más comunes del dolor son la prostatitis y el cáncer de próstata avanzado. A continuación, concretamos las zonas en las que puede aparecer el dolor:– En el periné (zona entre el ano y los genitales): cuando hay prostatitis – Zona baja del abdomen, especialmente si hay una obstrucción urinaria debido a un agrandamiento de la próstata. – Zona lumbar: en el cáncer de próstata avanzado, el dolor puede irradiarse a la espalda baja debido a metástasis óseas. También puede aparecer en prostatitis crónica debido a la inflamación persistente. – Ingle y muslos internos: algunas afecciones prostáticas pueden generar dolor que irradia hacia la ingle o los muslos internos, debido a la presión sobre los nervios cercanos. – Testículos y pene: algunas formas de prostatitis pueden causar dolor en los testículos o la base del pene, ya que la inflamación puede afectar los nervios y tejidos cercanos. – Ano o recto: la próstata está muy cerca del recto, por lo que la inflamación puede generar dolor rectal o sensación de presión. Puede sentirse más al estar sentado por períodos largos.
Las ondas de choque contribuyen a regenerar los vasos sanguíneos a nivel de los músculos perineales, lo que permite disminuir la inflamación de la próstata y las contracturas musculares e incrementar el flujo sanguíneo de esta glándula.
La acupuntura mejora los síntomas de la prostatitis y puede considerarse como una alternativa terapéutica eficaz y segura.

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